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domingo, 27 de abril de 2025

una nueva tierra


La mujer anónima de rojo

mostró

su anillo

con esa serpiente de carmín 

que se enroscó en su dedo 

que señaló su camino.


Vendía baratijas 

en el rastro de otro continente, 

con esa poesía breve y cruel

propia de los que aman

su música compleja 

de los que prefieren estar solos en casa, 

con lo azul de sus miradas 

y lo meridional de sus cuerpos.


Y la explicación es que la dama

de rojo 

es una dama que se encamina,

como una dama, 

hasta el río bravo 

para sentir en sus pezones

su frialdad, 

para sentir la soledad 

de los horizontes

en su vientre.


Un día se irá 

al malecón

de los mares

que le tenían prohibido

para que no llegase a lo más fructífero 

de los desiertos

y qué sería

de sus versos poemáticos 

y venerables 

como la sombra blanca 

de tus antepasados. 


El mito es que ella tendrá el corazón

en la cordilleras,

con sus brazos irreverentes,

sus brazos que no han abrazado

a nadie,

brazos

que son como arañas dignas 

de oscuridad.


En su secreto diario

les escribe 

a sus hijos perdidos 

que protege en su seno

míticos,

para que ellos puedan habitar 

una nueva tierra 

sin verdugos. 


viernes, 8 de noviembre de 2024

Lo más azul del río

Contigo regresaré a esta ribera,

contigo iré a lo más azul del río 

de antiguas madres creadoras de infortunios, 

porque para ti soy un terrón humano,

posees mi maíz,

juegas con mis pobres huesos ensimismados,

resignados a la hierba

de mis campos cálidos

como un grito de guerra,

dama de la tierra,

¿me devolverás mis sueños obstinados?,


Eres la dueña de mi sombra,

labradora de la tierra de mi semilla 

de la luz del horizonte, 

plantaremos la semilla, 

cercana a la casa grande 

y, cuando regrese,  

tendré el coraje 

de ver tu rostro de máscara, 

espero que no me destierres,

espero que me tengas en tu libro de las incógnitas

como dos amantes que juntan sus manos de plomo

para una boda de piedra. 

recordaré el crepúsculo 

de las madres ausentes como un bosque quemado. 


Encontraré este misterioso río inmóvil

de besos afilados como una hiena,

tendré que odiarte

luego te amaré de nuevo, 

señora de los campesinos, 

me habituaré a lo grosero 

de las ferias de ganado,

como tu rostro digno

de marisma de sueños 

donde medrará el germen humano

y la bondad vital, 

honda sacerdotisa de esta tierra.


  hombre invisible de la ciudad invisible  Estoy harto de estas calles,  estoy harto de esta ciudad  invisible,  con las mismas puerta...